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Historias de emprendimiento: Cinemex (II)

Segunda parte

René Lankenau

Este artículo es una continuación al publicado el pasado viernes.


En 1992, Miguel Ángel Dávila, se asoció con Matthew Heyman y Adolfo Fastlicht — sus compañeros de MBA — para fundar una cadena de cines. Los emprendedores querían aprovechar la desregulación de la industria y el sentimiento de esperanza que había en el país (a raíz de la apertura comercial) para traer a México el concepto americano de multiplex, con complejos de entre 10 y 14 salas.

Conseguir la inversión para arrancar había sido más difícil — y tardado — que lo que esperaban. Luego vino el 94, con todo tipo de problemas (desde la insurrección en Chiapas, hasta la devaluación). A pesar de todo esto, los emprendedores habían podido arrancar con su proyecto, y tan pronto y abrieron sus primeros centros, aceleraron.


En menos de cinco años, los cines en México se transformaron. El número de salas en el país se triplicó; el de espectadores más que se duplicó. De acuerdo con un artículo publicado en Reforma, en agosto de 2000, el mercado de exhibición de películas se estimó que superaba los $360 millones de dólares sólo por el pago de entradas.

Cinemex se convirtió rápidamente en el segundo jugador más grande en el país, con una participación de mercado cercana al 30%. Las ventas totales crecían prácticamente de forma exponencial: $28 millones de pesos en 1995, $175 millones en 1996, más de $370 millones en 1997. En 2021, de acuerdo con el NY Times, sus ventas aumentaron a unos $140 millones de dólares y la utilidad operativa a $40 millones. Promediaban 90 mil espectadores al año por pantalla — una de las cifras más altas en todo el continente, según el diario.

Al consumidor le gustaba mucho lo que encontraba en Cinemex. Los emprendedores estaban obsesionados en que todo se sintiera de calidad internacional — algo muy diferente a lo que había predominado en México en las últimas décadas. Tres ejemplos:

  • La calidad de la proyección y del sonido. En cada nuevo complejo, se invertían alrededor de $400 mil dólares por pantalla. De aquí, unos $120 mil dólares iban al sistema de proyección y el sonido. Organización Ramírez, la empresa líder y que también estaba en proceso de modernizarse y crecer, gastaba alrededor de $75 mil dólares.
  • Línea Cinemex. Crearon una opción para reservar los boletos por teléfono y pagarlos con tarjeta; para las películas más demandas, este canal podía ser hasta el 10% de las ventas totales. Muchos clientes descubrieron que era considerablemente más conveniente comprar con anticipado sus boletos; Cinemex además cobraba extra por este servicio.
  • El capital humano. Desde el primer día, uno de los grandes diferenciadores fue el nivel de servicio — encontraron cómo trabajar sin el sindicato que tenía controlada la industria, lo que a su vez les permitió contratar personas con un mejor perfil.

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